Nadie te dijo que
tirar un dibujo de tu hijo
iba a doler tanto.
Hoy tu casa está llena de ellos: en la heladera, en el auto, en el fondo de una mochila. Mañana, si NO haces algo,…
NO va a quedar ninguno.
Y no es porque te falte amor o seas un desastre.
Es porque la vida es así y nadie te enseñó qué hacer con
esta montaña.

Esto no te lo dice nadie
Cada vez que mirás esa montaña de papeles sentís dos cosas al mismo tiempo: ternura y culpa.
Lo escribió una madre:
«A veces espero a que se duerman para tirar los dibujos rotos… y me siento un criminal haciéndolo a escondidas».
Otra lo dijo así:
«Me parte el alma cuando me trae un dibujo con la cara de orgullo, y yo por dentro solo pienso: ¿otro más?, ¿dónde lo meto?».
El problema no es la montaña de dibujos. Es la culpa que crece debajo.
El «ya lo ordeno». El «no tengo tiempo». Y el día que te pregunten: «¿Te acordás de mi dibujo del dragón?» y no, no te acordás, porque lo tiraste un domingo de limpieza sin darte cuenta… y vas a tener que mirarlo y decirle que no.
Esa es la infancia de tu hijo en su estado más frágil.
Y si la perdés, no vuelve.
Los que no son padres no entienden esto. Vos sí.
Lo que te estás preguntando ahora mismo
La respuesta es siempre la misma:
no se pierde nada.
Si te hiciste aunque sea una de estas preguntas, esto es para vos.
Yo me ocupo de la parte que te da culpa; vos quedate con lo lindo.
Ahora imaginá esto
La montaña ya no está.
Y no perdiste ni un dibujo.
La mesa despejada. La heladera sin esa capa de papeles
doblados. La casa respira. Pero ni un garabato fue a la
basura: están todos a salvo, para siempre.
Y los mejores, en un libro de tapa dura que tu hijo va a
abrir a los treinta, o en un cuadro que no pintó ningún
desconocido.El caos, afuera. Lo que importa, guardado.


Por qué a mí
Te podría llenar esto de estrellitas, reseñas de cinco puntos y «los clientes . No lo voy a hacer.
nos aman»
La mejor reseña no te la puedo enseñar yo. Te la diste vos
hace dos minutos, cuando leíste lo de la heladera y
pensaste «este habla de mi casa». Eso no se compra.
Lo que sí te firmo: cada dibujo lo toca una mano, no una
máquina. No tengo fábrica. Te atiendo yo, de padre a
padre. La calidad la pongo con mi nombre.
El tiempo no avisa.
Un día dibuja para vos.
Al siguiente, ya no dibuja.
Si todavía creés que es solo un papel, no entendiste nada.